La Conferencia Episcopal Argentina y las Obras Misionales Pontificias pusieron en marcha en abril del 2022 un proyecto misionero en la Amazonía Peruana con el objetivo de asumir como Iglesia Argentina la atención pastoral y misionera de una porción del Vicariato Apostólico de Perú.

Tu ayuda es muy importante para que podamos acercar a Jesús a nuestros hermanos de la Amazonía.

los sueños que inspiran esta misión

SOCIAL

Luchar por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos. Injusticia y crimen, instituciones dañadas y diálogo social.

CULTURAL

Preservar la riqueza cultural: cuidar las raíces, encuentro intercultural, culturas amenazadas y pueblos en riesgo.

ECOLÓGICO

Custodiar su hermosura y vida natural.

ECLESIAL

Crear comunidades cristianas en la Amazonía.

Se trata de 150 mil kilómetros cuadrados, en donde habitan aproximadamente 350 mil hermanos. Los misioneros son ocho argentinos que están divididos en dos comunidades: Mantaro y Chirumpiari.

Se encuentran: La hermana Sara (religiosa), Celeste (misionera consagrada), Claudia (laica) y el P. Juan Manuel.

“A mí la misión siempre me fue marcando. Me marcó para entrar al seminario ese empuje de ir siempre mar adentro. Acá es conocer un rostro muy distinto de una Iglesia incipiente. Históricamente, esta zona del Vraem había sido acompañada por los franciscanos. Visitaban las comunidades una vez por año, son una gran cantidad de poblaciones. La verdad que se movían un montón, y la gente recuerda esa experiencia con cariño, y recuerda haber sido bautizado hace mucho tiempo.

Hace cuatro años se fundó la Parroquia de Pichari, ahí llegó el Padre Miguel Geovesan como párroco a trabajar de manera más constante. Nosotros llegamos para acompañar y fortalecer ese proceso. Somos ocho argentinos, que participamos en este proyecto de la Iglesia Argentina, “Amazonia es tu misión”, y la verdad que estamos muy contentos con el desafío.

Esta es otra cultura. Hay que descalzarse para entrar en tierra sagrada, sin juzgar, sin idealizar. Nosotros llegamos desde nuestra cultura y desde lo que somos venimos a encontrar nos con una cultura distinta, y de ahí sale un aprendizaje. Abre también una nueva comprensión del Evangelio, esto es lo precioso.

La sinodalidad se da desde decisiones concretas, desde la capacidad para soltar lo que yo traigo, para animarme a construir algo nuevo entre todos. La sinodalidad implica, en realidad, conversión. Y es un desafío enorme. Así como yo me sentí llamado por Jesús, el otro también es llamado por Jesús, y eso es una certeza, y qué bueno que el Señor nos llamó y nos eligió para estar acá juntos.

A nosotros nos está sosteniendo la Iglesia Argentina, yo esto lo valoro un montón, que el hecho de que sea una misión que organiza la Conferencia Episcopal Argentina, animada por Obras Misionales Pontificias, es una misión que tiene una estructura seria. En este sentido, ya nos sentimos muy apoyados, pudimos llegar y comprar un vehículo, una moto de tres ruedas que tiene atrás espacio para cargar cosas".

Las comunidades nativas son muy atractivas, también impresiona la cantidad de comunidades que hay y lo metidas que están en la selva, las distancias, los caminos que hay que hacer para llegar. Me conmueve el deseo de muchas comunidades de una presencia, de sacramentos, como ese deseo de Dios, de vivir la fe comunitariamente, de que haya una presencia viva en esos lugares tan remotos. Aquí hay mucha gente que vino de otros lugares, por trabajo, por oportunidades y establecen sus vidas en estos lugares y pierden el vínculo periódico con sus familias, sus comidas, sus costumbres y entre eso también está la fe y, vienen a estos lugares donde no se convocan, no se juntan y quedan hasta en eso, más pobres también. Algo que sorprende, a los que venimos de otros países, es este conocimiento que se tiene, hasta intelectual de las cosas de fe, por la presencia de profesores de religión en las escuelas y colegios, pero con capillas y lugares comunes cerrados, sin vida, sin comunidad. Todo esto fue lo más significativo.

Toda la zona del VRAEM está marcada por realidades culturales, los colonos con una fuerte impronta de la Sierra y el mundo quechua; y por otro lado la realidad nativa, que está compuesta por comunidades Ashaninkas en el Norte y Matsiguengas al Sur. El idioma común es el castellano, pero hay una muy fuerte impronta del quechua en los pueblos y las lenguas nativas en las comunidades propias. Esto es un desafío.

La gran mayoría de la gente vive de la agricultura, salvo los centros urbanos donde el comercio es fuerte. El principal cultivo es la hoja de Coca, hace más de 30 años el buen precio de su venta fue la causa de que aumente enormemente la superficie del cultivo. También se siembra Cacao, Plátano, Maíz en menor medida y otros cultivos. En este momento puntual bajó muchísimo el precio de venta de la Coca y esto tiene un impacto directo en la economía de la región. Hay mucha menos gente en los pueblos debido a que no se está contratando trabajadores para cosechar, hay menos plata en la calle y eso impacta a todos los rubros.

Todo el valle está atravesado por una ruta que acompaña de norte a sur el río Apurímac. La condición de esta ruta es muy mala lo que dificulta y enlentece la movilidad. Hay muchísimas comunidades tanto de colonos como de nativos a lo largo de la ruta, y distribuidas en los caminos que bajan hacia el río o que suben hacia las montañas. Llegar a todas es un trabajo arduo que demanda mucho tiempo y paciencia, y pensar en procesos pastorales en cada uno requerirá de años de presencia y algún tipo de orden para sistematizarla.

Llevamos visitadas 16 comunidades de colonos, 13 comunidades nativas y nos faltan aproximadamente 17 comunidades por conocer.
La presencia pastoral requiere un enorme discernimiento porque las comunidades son muy diversas, no solo por la diferencia entre colonos y nativos, sino porque cada una tiene una experiencia distinta de lo religioso.

Aún no hemos armado estructura de catequesis en ninguna comunidad. Esta debe estar dada por la gente misma de la comunidad, y estamos en ese proceso de animar a personas para este ministerio. La finalidad de todo el proceso misionero es generar comunidades autónomas en torno a Jesús, que no dependan de la visita del sacerdote que "abre" las puertas de la iglesia una vez al año, sino comunidades vivas.

Luego de tres meses vamos madurando la idea de ser comunidad sinodal. Fuimos aprendiendo que cada uno desde su propio estado de vida trae su historia personal y eclesial, sus riquezas, su vivencia pastoral, sus expectativas, pero que en un punto TODO eso hay que soltarlo para construir algo nuevo y recuperar todo lo anterior desde una plataforma comunitaria nueva, donde se resignifican las vivencias, la propia historia y las expectativas.

A 7 meses de comenzar esta aventura de amor y habiendo visitado más del 90 % de las comunidades nos encontramos que son en su mayoría Nativas Ashaninkas, podemos decir que hemos encontrado una gran aceptación en general.

Hay una gran sed de Dios, y es una buena noticia volver a tener presencia de la Iglesia Católica.

En varias comunidades tanto colonas como Nativas hemos comenzado procesos pastorales. Estamos realizando bautismos en varias comunidades Nativas, sacramento pedido por ellos como, hay una gran necesidad de Dios. Dentro del proceso de evangelización vamos intentando responder a lo que las comunidades van pidiendo, a veces es el bautismo, otras veces es solo la charla fraterna, y otras veces el pedido de alguna ayuda particular. Sea lo que sea, la idea es empezar caminos, somos presencia con los pies descalzos, al modo de Jesús, invocando y dejando que el Espíritu Santo actúe en nosotros y nos guie.

Se encuentran: Néstor y Alejandra Castro (matrimonio misionero), Flavia (laica), y la hermana Mayra (religiosa).

“Acá en plena selva vamos sintiendo y palpando a ese cristo que nos habla, incluso en silencio. Adentrándonos en la selva nos vamos encontrando con las diferentes comunidades, muchas de ellas son pueblos nativos (Matsiguengas). Nos reciben con alegría y asombro. Se preguntarán qué hacemos nosotros visitándolos desde tan lejos. No es fácil estar aquí, pero sabemos que estando en su presencia, recibimos la felicidad de compartir con este Cristo vivo presente en cada uno de ellos.

Nos instalamos en un lugarcito muy pequeño y humilde, dormimos en un colchón sobre el piso y contamos con un anafe para poder cocinarnos. El agua no es potable así que la hervimos cada mañana para poder consumirla. Tenemos un techo de chapa muy fino que dejar pasar el intenso calor del sol.

Aquí viven en su mayoría pobladores colonos y encontramos una capilla precaria con el nombre de Virgen de las Mercedes. Estaba abandonada y nuestra tarea fue comenzar a darle vida, a mejorarla para que la gente del lugar tenga en ella un espacio de encuentro y oración.

En agosto iniciamos con la catequesis para comunión. Tuvimos que explicarles en qué consiste y cómo la iremos desarrollando ya que desconocían todo al respecto al no haber tenido presencia católica desde hace unos 20 años. Es maravilloso ver cómo muchos han conservado y cuidado su Fe, es la gracia de Dios que ha permanecido en ellos y ahora nos desafía a nosotros a acrecentarla para que dé frutos. Tenemos por delante un gran trabajo misionera, una gran responsabilidad”

“Lo que siempre resuena fuertemente en el corazón de cada uno y en el mío también es la certeza de que Dios nos eligió para esta misión poder descubrir su paso providente en el día a día, en la comunidad, entre nosotros, en los hermanos que visitamos. Me llena de gratitud y de alegría.

Creo que una de las novedades mas importantes del proyecto de la Iglesia Argentina, es la experiencia de compartir cada vocación (estado de vida), de ponernos al servicio y de vivir en fraternidad.

Es un desafío y una invitación que nos hace el Señor a poner cada vida con sus dones y riquezas en pos de la misión. A la gente le sorprende este modo y nos pregunta mucho. Las visitas a las comunidades son muy ricas y variadas, es notoria la poca presencia de católicos, cuando les encontramos escuchamos sus historias, algunos han sufrido algunos maltratos por defender la Fe”.

“Queremos contarles que vamos acompañando a las comunidades desde el estar, visitar, escucharlos, participando en las celebraciones que organizan, aprendiendo de ellos y su cultura ancestral, disfrutando la misión que el señor nos envía. Cuando salimos, llevamos carpa, bolsa de dormir, y lo necesario para compartir con los hermanos, acomodándonos en el lugar que nos ofrecen con cariño y fraternidad.

Y así, sentimos que de a poco se va despertando la Fe y vemos cómo sus vidas van entrando en un estilo más comunitario, camino a ser “comunidades vivas en torno a Jesús”. En nuestras mochilas cargamos repelente, gorras, zapatillas, agua, el Rosario y muchas ganas de conocer y compartir la vida de nuestros hermanos “vrainos” (de Vraen); y así vamos sintiendo en nuestro corazón que vale la pena cualquier sacrificio. Vamos experimentando que nos van recibiendo con alegría, con ganas de ser escuchados y acompañados y que quieren aprender de Dios. Una anécdota de la misión es el encanto de los niños, que nos buscan y los sumamos a la actividad. Otra anécdota, son los desayunos, tales como la sopa de pescado, caldo de gallina y pescado frito yucai. De a poco nos vamos acostumbrando”, contaron los misioneros.