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NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE RÍO BLANCO Y PAYPAYA – JUJUY

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En la Provincia de Jujuy, Nuestra Señora del Rosario de Río Blanco y Paypaya, es la patrona principal. El pueblo jujeño, con profunda devoción religiosa se pone bajo su protección y expresa su vínculo profundo con Ella y la Iglesia. La historia de Jujuy se cubre bajo su manto protector por ser la intercesora que la condujo a la paz. Fue la redentora, libertadora y defensora de los pueblos. Cuenta la tradición que las tierras de Jujuy eran asoladas con frecuencia por malones y fue la Virgen, quien apareció sobre un pacará, y bajo un halo de luz resplandeciente, alzó su bastón y pacificó a los invasores.

Se dice que fue el General Manuel Belgrano quien ordenó una solemne fiesta en su honor para nombrarla Generala del Ejército Patriota, donándole un bastón con puño de oro el 25 de mayo de 1812, luego de que su ejército y el pueblo de Jujuy juraran, por primera vez, fidelidad a la Bandera Argentina, la que había sido bendecida, por el Canónigo Gorriti, en la Iglesia Matriz. La Santa Sede, en vista de la antigüedad de su culto, la fervorosa piedad del pueblo y los milagros obrados por su intercesión, decretó su coronación. La misma se llevó a cabo en la ciudad de San Salvador el 31 de octubre del año 1920. La coronación de la Virgen tiene un gran significado en la Provincia, poniendo de manifiesto la Fe inquebrantable de su pueblo.

Octubre se engalana con los colores de los ceibos y lapachos, y cada domingo de este mes una multitud de fieles manifiesta su gran devoción, con sacrificios de largas peregrinaciones, hasta el Santuario de Río Blanco. Los fieles comienzan a caminar, muchos descalzos, cuando muy temprano repican las campanas de la Iglesia Catedral, los 9 km, de la mano de María, llevando su imagen peregrina en andas, con un ferviente deseo de encuentro con Dios, acompañados por la música de los sikuris y el rezo del Rosario.

En el Santuario le dan la bienvenida las campanas de la histórica Capilla, junto a los pañuelos blancos agitados por los peregrinos, siendo depositada en el Templete para la Celebración Eucarística. Todo se traduce en un espacio de encuentro entre la Fe y la cultura, donde se conjuga lo cotidiano y lo divino.