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Hace tiempo tenía ganas de ayudar pero nunca había encontrado la forma, o quizás no había buscado lo suficiente. Hasta que empezó la pandemia, este año tan difícil para todos, y me encontré con un grupo humano espectacular, como es la organización “Abrazamos la 21”, que me hizo un lugar para poder ayudar. Y desde hace unos meses que una vez por semana cocino en mi casa, 25 viandas, que los chicos de la organización retiran y llevan al comedor del Padre Toto, en la Parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé, en la villa 21-24 del Barrio de Barracas. Yo cocino una vez por semana, porque se dividen por zonas de la capital para retirar, pero ya son cuatro veces a la semana que llevan comida, somos un total de 200 familias cocinando.

Hace un tiempo leí que hay que ser agradecido que uno está en el lugar de poder ayudar y no en el de recibir ayuda, y es algo que me repito mucho, esto de agradecer y saberse que es un privilegio poder ayudar. Para mí, dedicarle una tarde a cocinar, una olla inmensa de comida que hago con mucho amor y dedicación, para que alguna otra persona que está pasando un momento difícil, tenga un plato de comida caliente, me resulta muy gratificante. No hay vez que no esté cocinando y me emocione, porque en situaciones tan complejas y difíciles como las que estamos pasando ahora, lo mínimo que podemos hacer es ayudar a los que menos tienen.