Programa FE

Parroquias de frontera en la provincia de Formosa

Navidad con FE / Parroquias de frontera en la provincia de Formosa

Las parroquias de frontera son aquellas que atienden pastoralmente poblaciones vulnerables, en zonas de difícil o casi nulo acceso. En este caso, en la provincia de Formosa, vamos a colaborar con dos de ellas que se ocupan de nuestros niños y nuestros abuelos.

Hogar de Ancianos San Francisco de Asís de El Espinillo, Formosa.

El Hogar de Ancianos San Francisco surge desde el corazón de un sacerdote Franciscano, el Padre Palacios, que recorriendo las tierras formoseñas llevando la Palabra de Dios, contempló a su alrededor con los ojos de la Fe y pudo observar la gran necesidad de contar con un espacio para albergar a abuelos en situación de abandono y sin lazos familiares.

Este es un gran Hogar, ya que se trata de un espacio donde se vive el amor, el servicio, la entrega y se descubre día a día, en cada abuelo, el rostro de Jesús. Muchos de los abuelos que allí residen nunca han sentido el calor de la familia, algo que hoy sí pueden disfrutar, gracias a muchos corazones generosos que hacen posible que estén en un espacio cómodo, que no les falte nada y que puedan gozar de la mejor asistencia en la etapa más vulnerable de sus vidas.

La necesidad más urgente en estos momentos es extender el techo de la galería de atrás, que es un sector donde tanto caminando como en silla de ruedas, los abuelos realizan su rutina de paseo. Allí el sol y el calor de la tarde impacta fuertemente y es necesario filtrar de alguna manera esa intensidad, para mejorar la calidad de vida de los abuelos.

Parroquia Nuestra Señora de la Esperanza en Formosa Capital.

El merendero de la Capilla Jesús Misericordioso comenzó en el año 2014 con motivo de la celebración de la Divina Misericordia. En aquel momento se lo bautizó con el nombre de “Desayunando con Jesús”. El mismo consistía en un desayuno para los niños los días domingo. Luego jugaban, realizaban actividades de perseverancia y finalmente participaban de la misa.
Con la pandemia, mucha gente perdió su trabajo, sus changas y la posibilidad de llevar el pan a la casa, sobre todo en el Barrio 7 de mayo, cuyos habitantes buscan contención en la parroquia. En ese momento se decidió abrir el comedor para entregarle el almuerzo a aquellos que lo necesitaban, y el número de raciones se incrementó de 80 a 300 en solo algunas semanas.
El sostén del comedor son los donantes voluntarios de la ciudad, que muchas veces se enteran por las redes sociales de la ayuda que brinda el comedor. A pesar de la ayuda de los voluntarios, la precariedad de las instalaciones dificulta el trabajo de quienes cocinan, como así también la falta de utensilios. Es por eso que para poder seguir cumpliendo con la asistencia, es muy necesaria una cocina nueva y un salón más amplio, que permita generar las porciones necesarias para poder darle de comer a la gran cantidad de vecinos, que acuden a la parroquia en busca de ayuda.